Crimen en la Granja, una ficción hecha realidad [Resumen, análisis y reseña del relato de Minette Walters]

 








—La gente se comporta de manera distinta cuando está lejos de casa, hijo.

No puedes juzgar a una chica por el modo en que actúa cuando está en la

playa.

Crimen en la Granja, pág., 17

 

Era mejor abstenerse de hacer esa clase de comentarios. Como había

señalado el señor Cameron, su hija era más feliz cuando se salía con la suya.

Y «salirse con la suya» significaba que Norman debía mostrarse de acuerdo

con todo lo que ella decía. Nada era nunca culpa de Elsie: si las cosas le iban

mal, el responsable era el resto del mundo.

Crimen en la Granja, pág., 23

 

—No quiere a nadie más, papá. Está loca por mí. Dice que se matará si la

abandono. Cuando cree que el mundo entero está contra ella se deja llevar por

la desesperación. —Apoyó las manos sobre las rodillas y recogió una pelusa

que flotaba sobre la alfombra—. El señor Cameron dice que me denunciará

por incumplimiento de promesa si no me caso con ella.

Crimen en la Granja, pág., 27

 

Él lo sabía. Todos los hombres encontraban atractiva a Bessie. Era parte

del encanto: la caza; la emoción de intentar cobrar la pieza. Si otros hombres

hubieran mirado a Elsie de la misma forma, tal vez la habría valorado más.

Pero ningún hombre se había girado nunca al ver pasar a Elsie.

Crimen en la Granja, pág., 32

 

Se trata de un relato literario de carácter criminólogo, cuyos hechos ficticios se sustentan de la realidad.

Escrito por Minette Walters, autora inglesa, publicado en el año 2006, nos comenta la vida de dos personas distintas; una “bajita, flaquita y feúcha”. El otro, un personaje que participó como soldado en la milicia, que se reincorporó hace no mucho tempo en la sociedad, laburante en declive de un automotor que, a causa del badén económico, tuvo que ser despedido.

Con un dialecto no muy difícil de entender, Walters nos detalla meticulosamente la personalidad de cada individuo, tan distinta por condicionamiento cultural, familiar y sexual.

Elsie Cameron, de 25 años de edad cuando lo conoció [28 cuando murió], la víctima de la obra, frecuenta la iglesia del barrio, a exigencia materna; ésta, por sus rasgos, es estimada como desechable social y sexualmente, y nadie la busca. Es ella quien anhela una relación, para liberarse de su madre, quien no sólo la trata de mala manera, sino, asimismo, como a la servidumbre: la hace lavar platos y ropa.

Del otro lado está Norman, de cinco años menor que ella, de humor cambiante, eufórico; de un momento a otro pasa de la tranquilidad al enojo.

Si bien está basado en el siglo XX, no es muy notorio; uno de sus puntos negativos es que no se concentra en el ambiente espaciotemporal, sino que se inclina hacia las situaciones que los rodea a cada uno y a los diálogos.

Cuando creen que no podrán solventar su alicaída economía, Cameron tiene una idea oportunista: como el padre de él tiene dinero, ella le propone abrir una casa avícola, y así lo hace. Él se va solo, con su bicicleta. Los separa 80 kilómetros y, cada fin de semana, se dedica a pedalear y poner buen rostro a quienes se cruza para mimar a su amada.

No obstante, debido a la estación invernal, las aves no daban huevos; es más, perecían la mayoría…

En el mes de diciembre de 1922, tras varias peticiones y negaciones, Thorne se casaría con Elsie. Sin embargo, los planes se verían frustrados a causa de la inestable capacidad económica de Norman y la asaz exigencia por la boda e hijos de Cameron.

Cuando la despiden, “por el bien de los demás”, se lo hace saber a Norman, alegando que lo hicieron porque no pueden verla feliz.

En el año 1923, en periodo invernal, ella continúa insistiendo con el casamiento, y esto lo abruma tanto que las visitas de ella en la granja se tornan molestas.

Como la promesa se hacía larga, el chantaje de ella comenzó: lo amenazaba con suicidarse si no se casaban cuanto antes; ya le había dado el anillo, “uno barato”, pero no el acuerdo nupcial. Ella tampoco entregaba, no daba su cuerpo, y eso lo dejaba mareado y furioso.  Norman se encontraba en la espada y la pared: el padre de Elsie le aseveró que, si no se casaba con ella, lo mandaría a prisión.

Como toda relación en mal estado, al concubinato de ellos llegó la infaltable infidelidad, los celos y los anhelos de separación.

Cuando Norman logró tomar el valor suficiente para practica cómo le diría la ruptura, mencionando las razones y pormenores [que es una persona explosiva, insoportable y enferma], ella haría acto de presencia en la alejada cabaña; como siempre, le pidió que se casaran. Pero lo hizo con un tono aún más impasible y alegre que en otros tiempos.

Ante la duda, Norman le preguntó sobre por qué se veía tan diferente. Rebuscando en su bolso, ésta logró extraer un frasco que le había recetado un médico. Se trataba de unas cápsulas ansiolíticas.

Con las frecuentes visitas de Bessie, su amante, éste toma la decisión de querer casarse con ella, pero no sabe cómo deshacerse de ella, de Cameron.

Medio percatándose de eso, Elsie finge un embarazo, y se lo hace saber así, ante la negación de Norman, quien asegura que posiblemente el niño sea de otro hombre:

[…] El médico dice que una chica puede quedarse embarazada a base de fuertes caricias, y sabes que eso es algo que hemos hecho repetidas veces. Debemos verlo por el lado bueno, cielito, en lugar de enfadamos y recriminarnos cosas mutuamente. Papá quiere que nos veamos para que pueda demostrarte que no te miento. Dice que el encuentro debería ser en un lugar público para que no te atrevas a gritarme […]

El 25 de noviembre de 1924, le respondería:

Querida Elsie:

He pensado mucho sobre lo que dijiste ayer y me temo que no me creo lo de tu embarazo. Debido a ello no tengo intenciones de llevar a cabo preparativo alguno para la boda durante esta semana. Hay un par de cosas que no te he dicho. La vida ha sido difícil este último año. Tengo deudas en la granja y alguien ha estado ayudándome a superar mis problemas. En este momento me hallo entre dos fuegos y necesito tiempo para pensar qué debo hacer.

Tuyo,

Norman

Tras el avance de la lectura del relato, de expectante pasa a aburrido; retoma premisas anteriores varias veces e incurre en el error de no cerrar la propuesta. A pesar de la brevedad, diría, se trona circular.

Un 5 de diciembre de 1924, apenas a dos semanas del proyecto nupcial, Elsie, luego de pagar a la peluquera cinco penques por dejarle el cabello enrulado, tomó un tren, mientras cargaba con una pequeña maleta con ropa para bebé.

Sin embargo, el 7 de diciembre, Norman, desesperado, se preguntaría en una carta por qué no llegó hace dos días atrás, como lo prometió.

En la granja, haría intromisión un detective, contratado por la familia Cameron, pasado de años y además rechoncho, que preguntaría por Norman. Estaba solo, y sabía que sabía cosas…

Por ejemplo, el detective sabía que Elsie había desaparecido hace días, pero no lo denunció a la policía. En ese acto, entrevé algo sospechoso. Sin embargo, sería en su segunda visita cuando ya no le aceptaría ni una taza de té a Norman, ya que si bien no mintió, varios aseguraron verla a Cameron yendo hacia ese lugar.

No sería sino hasta el 14 de enero de 1925 otro inspector, Gillan, se haría cargo de ahondar aún más en las premisas que, hace un mes atrás, se había propuesto: Elsie Cameron fue vista, el 5 de diciembre de 1924, por la tarde, entrando en el hospedaje de Norman Thorpe.

Encontrando pertenencias de Cameron, el inspector le adelanta que podrá ser acusado de asesinato; entre lo que hallaron, se encontraba sus gafas. A pesar de que Norman se mantuvo impasible, por dentro se libraba una lid por no confesar lo que realmente sucedió.

Como la culpa lo remordía, al día siguiente se comunicó con el inspector, que no logró hallar más que los anteojos de Cameron, anunciándole que la había encontrado muerta, y afirmándole no haberla asesinado:

“Elsie me dio una sorpresa presentándose en casa el viernes 5 de diciembre. Acababan de dar las cinco de la tarde. Estaba de malhumor […]

Dijo que se quedaría a dormir en la cabaña y que no tenía la menor intención de irse hasta que nos casáramos. Le dije que eso era imposible y discutimos un poco. A las siete y media fui a casa de los Cosham para ver si podían alojarla aquella noche. Habían salido. Cuando regresé a la granja, Elsie seguía enfadada. Surgió el tema de Bessie Coldicott y nos peleamos. Elsie lloraba porque le había sido infiel […] sobre las nueve y media montó en cólera de nuevo porque le dije que tenía que ir a buscar a Bessie a la estación. […]

Acompañé a Bessie y a su madre de la estación a su casa y volví a la granja aproximadamente a las once y media. La luz de la cabaña estaba encendida. Cuando abrí la puerta me encontré a Elsie colgando de la viga, se había ahorcado con un trozo de cuerda de tender. No podía creerlo. Corté la cuerda y la tendí en la cama. Estaba muerta. Se había quitado el vestido y soltado el pelo. Apagué la luz y me senté a la mesa durante casi una hora. Pensé en ir en busca del doctor Turle y en pedir a alguien que llamara a la policía. Después me di cuenta de la situación en que me hallaba. Había mucha gente que sabía que no quería casarme con Elsie. ¿Quién iba a creer que no la había matado? La única opción posible era enterrar su cadáver y fingir que no la había visto. […]

Saqué el hacha y, a la luz del fuego, le corté las piernas y la cabeza. Lo hice porque creí que sería más fácil enterrarla en trozos pequeños. Metí la cabeza en una caja de galletas y envolví el resto con periódicos. Excavé unos hoyos junto al corral, cerca de la puerta, y enterré a Elsie. […]

Firmado, Norman Thorne.

 

—No quise quemar el vestido de bebé. No me pareció bien.

Gillan le ofreció un cigarrillo.

—La autopsia demostró que no estaba embarazada. Al menos en eso

decías la verdad.

—Lo sé.

—Pero todo el resto es mentira, Norman. Ella no se colgó. Y no hay el

menor indicio de que las vigas sostuvieran el peso de ningún cuerpo. Son de madera de pino: debería apreciarse la marca de la presión de la cuerda.

—Yo sólo puedo decirle lo que encontré.

—Entonces explícame cómo se rompieron el reloj y las gafas.

—Tal vez las rompiera ella misma. Era muy torpe.

—No me sirve.

—Quizá las aplasté yo cuando me senté en la mesa. O tal vez las pisara Elsie sin querer después de quitárselas. […]

Entre otras cosas, el resultado de la autopsia dictaminó que tenía moratones en el rostro, pero Norman aseveraba no haberla abofeteado jamás. Indagando más sobre los resultados de la autopsia, Norman logró saber que lo que la mató fueron sus nervios. El detective le quitó, por un momento, la pesada mochila, ya que luego le juzgó el estúpido hecho de haberle cercenado la cabeza. Si no lo hubiese hecho, hubieran podido saber que en realidad se ahorcó.

El 25 de abril de 1925, declarándoselo culpable de asesinato, fue sentenciado a la horca.

OPINIÓN DE LA AUTORA SOBRE EL CASO [CITA]

 

Me parece relevante señalar el hecho de que Norman Thorne nunca confesó haber matado a Elsie Cameron. Ni siquiera antes de su ejecución. Juró hasta el final que la encontró ahorcada en la viga de la cabaña. Eso no prueba su inocencia, pero para un joven que creía en Dios, se trataba de un riesgo enorme si era declarado culpable: Norman sabía que los pecadores deben arrepentirse si quieren ir al cielo. Creo que la verdad es la que he sugerido en este relato. La intención de Elsie era asustar a Norman y para ello se subió a una silla y se colocó la cuerda en torno al cuello. Pero la jugada le salió mal: tal vez el frío le entorpeciera los dedos; tal vez apretó demasiado el nudo… […] En 1924 el psicoanálisis aún estaba en pañales, pero los que conocían a Elsie Cameron la describieron como una persona mentalmente inestable. La calificaban de «deprimida», «neurótica» y «nerviosa». Sentía pavor ante la posibilidad de quedarse soltera y creía que la gente se reía de ella. Sus compañeras de trabajo se quejaban de que era «variable» y «difícil». […]

No conseguía mantener ningún empleo. Deseaba ser amada al estilo de los «cuentos de hadas» y la obsesionaba el matrimonio. Cuando no se salía con la suya oscilaba entre estados de ira y depresión. Un médico intentó curar su estado con sedantes, probablemente el precedente de los barbitúricos […]

La conducta de Elsie sugiere que sufría un trastorno de personalidad neurótico-depresivo. Los enfermos que sufren dicho síndrome tienen una baja autoestima y a menudo se sienten deprimidos. Resulta complicado convivir con ellos; presentan constantes cambios de humor y se enfadan cuando se sienten decepcionados por alguien. Lo ven todo en términos absolutos, y generan relaciones intensas y marcadas por el conflicto. Las amenazas de suicidio son comunes. […]

En el juicio de Norman el jurado quedó marcado por el testimonio de sir Bernard Spilsbury. Concluyó que Elsie sufrió un colapso como resultado de una agresión física y que Norman había tenido la intención de matarla. Sin embargo, aun en el caso de que le hubiera pegado, no había prueba alguna que demostrara que estaba muerta cuando él salió de la cabaña. Ni de que él hubiera podido prever que moriría de un colapso nervioso […]

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