EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO, DE JOSÉ SARAMAGO


 El libro fue escrito por José Saramago, escritor portugués nacido en Azinhaga en el año 1922, cuya firma de autoría se consagró en el año 1998, habiendo una diferencia de dos años respecto a su anterior obra [Historia del Cerco de Lisboa]; menciono esa curiosidad puesto que, cuando publicó Tierra de Pecado (1947), hubo una disparidad temporal de 30 años en relación a su segundo libro ( 1977)*.

Si bien es ésta la primera novela que leo de Saramago, se coincidió en varios medios que tiene una particularidad en su estructura narrativa. Por ejemplo, que escribe lingüísticamente “mal”, pues no separa los diálogos con los guiones o no menciona, pocas veces, quién habla, debiendo el lector de fijarse minuciosamente en los nombres que aparecen; o las mayúsculas, que usa el autor como interferencia comunicativa.

Los personajes tienen, en su aspecto, una mención tardía; si bien es cierto que no será necesario leer la biblia para comprender lo que surge, el autor no pone una fecha específica de los acontecimientos, sino que va surgiendo lentamente, dando inferencias implícitas. Hay que leerse un poco más del treinta por ciento de la novela para poder ubicar el dedo en una fecha concreta, o mejor dicho un año.

Pues bien, la novela nos muestra una pintura (que, irónicamente, no tiene color) en la cual se entrevé varias personas y objetos, ademanes y expresiones. Y no está al pedo, sino que Saramago lo pone a modo de introducción y en algo así como mil palabras, analiza minuciosamente lo que no se observa a simple vista. Reflexiona, al menos así lo entendí, que de los tres crucificados, es a Jesús a quien se le dio una importancia transparente, pues para Saramago tanto el Ladrón Bueno como el Ladrón Malo no son más que las mismas personas, y no hay importancia jerárquica entre estos tres.

Recreando literariamente, y presentado a modo de hecho histórico, Saramago nos introduce con la vida previa a la vida de Jesús; es decir, nos define a María y José, jóvenes de veinte años (aunque lo más probable es que ésta tenga una edad inferior, sin entrar en guiños de la época); como trata un periodo antiguo, el autor no deja escapar lo siguiente: las disparidades imaginarias entre el hombre y la mujer. Escribe: “He aquí la esclava del Señor”; “María, a su vez, abría las piernas”.

José intuye algo raro en María, aquella mujer madrugadora que cierto día ni el cacareo del gallo la despertaba de su interminable sueño. Cuando están almorzando, recurren al silencio “éste, porque no tenía nada importante que decir; aquella, porque no sabía cómo expresar lo que la inquietaba”. Entonces golpean la puerta del tabuco en el cual vivían. Atiende José, como era natural, y se trata de un mendigo, de quien primeramente desconfían, pues se encuentra en un pueblucho donde la pobreza es acentuada. José ordena a María darle una escudilla, y le cierran la puerta.

Tras unos minutos, el mendigo golpea la entrada, y José, el carpintero, no logra percibir los sonidos, y María se mantiene recelosa, pues José posiblemente se enfade ante el hecho de que ella lo atienda. No obstante, deja de hacer sus ocupaciones y la abre. Aconteció un hecho cuasimágico: aquel limosnero con sus harapos sucios, era ahora alguien con un cuerpo fornido y alto, cargando una vestimenta decente.

Cuando le retorna a sus manos la escudilla, ésta se transforma en una de oro, y María queda perpleja. La tierra que toma del suelo y la depositó en el recipiente, se torna brillante y oscura, cual cielo estrellado.

Le dice metafóricamente que “(…) la tierra a la tierra, nada empieza que no tenga fin (…)”; comprendo lo siguiente: no hay misterio en la existencia del Hombre, pues estos tienen en su naturaleza un fin que se determina según el desarrollo de ésta. Es más: hay otro razonamiento, más breve: puesto que todo Hombre morirá, no es necesario hacer grandes cambios forzados; el polvo al polvo.

Consultan con tres ancianos del ágora al cual José asiste, y acuerdan visitar la casa de José y María, quien le confiesa estar embarazada. Se duda de que si realmente aquel mendigo, que aparecerá más adelante, es un ángel, como así lo afirmó o es uno maligno. Concluyen en la duda del sujeto, pero en el entierro del objeto usado.

Cuando ninguno de los dos estuvo en el hogar, desde Belén fueron enviados soldados romanos con la primicia de que todo ciudadano deberá censarse, y quien no pudo hacerlo en su tiempo y forma, deberá hacer una travesía hasta allí, para presentarse e inscribir a cada miembro

Durante todo el viaje un tema se torna pesado: deben ocultar la existencia del niño (Y HASTA AQUÍ UN FINAL INCONCLUSO DE INDETERMINADA FINALIZACIÓN SE PRESENTÓ).


LLEGUÉ SOLAMENTE HASTA LA PÁGINA, SI NO ME EQUIVOCO, PUESTO QUE LO DEVOLVÍ EN JULIO/SEPTIEMBRE, 78. NO FUE A CAUSA DE UNA FATIGA DE LECTURA, SINO MÁS BIEN DE UNA FATIGA EXTERNA: EL COLEGIO Y LOS EXÁMENES. TUVE QUE APARTAR A UN LADO LAS LECTURAS COMPLEJAS Y DAR LUGAR A LAS LECTURAS LIGHT.
FUE UN PROFESOR QUIEN ME LO RECOMENDÓ, E INDUDABLEMENTE LO AGRADEZCO. HIZO QUE CONOCIERA A UN AUTOR DE LETRAS DINAMIZADAS E INTERACTIVAS. ALGÚN DÍA PODRÉ COMPRÁRMELO Y LEERLO, TAL VEZ EN UNA EDAD ADULTA, EN ALGUNA ESQUINA SENTADO EN UN SILLÓN.

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