Como agua para chocolate, de Laura Esquivel. Análisis, resumen y opinión personal.
Palabras preliminares
El título me trae recuerdos cercanos, íntimos, de
cuando papá, en fin de preparar un recubrimiento para el bizcochuelo, marrón y
duro por sus bordes, alcohólico y esponjoso al morderlo, que quemaba la garganta
por su combinación de whiskey (un pequeño bocado bastaba para devolver en su
lugar el trozo de pastel, que ahora que lo recuerdo, no estoy seguro de si en
realidad fue güisqui, pudo haber sido cualquier otra sustancia alcohólica,
transparente), en una ollita metía, cerrado, el paquete de Águila, para que se
derritiera, a fuego medio. Hablando de pasteles caseros, debo mencionar cuánto
odiaba (y odio) la decoración de duraznos combinados con el dulce de leche. Lo
único delicioso del durazno enlatado es su almíbar jugoso. Cuando era más
chico, siempre le pedía a mamá o papá que me convidaran un poco de ese manjar.
Ahora, ya no lo tengo en cuenta.
Datos técnicos del libro:
Título: Como agua para Chocolate.
Autora: Laura Esquivel, mexicana.
Año de publicación original: 1989.
Año de la presente edición: 2006
Editorial: Sol, en conformidad con la colección
Clarín.
Colección: Para disfrutar el verano
IMPRESIÓN GENERAL
La tradición, la irracional de ella, la implicancia,
la formación, la comida (literalmente. Comía mientras lo leía), ese soplido que
trae recuerdos de infancia, ese deseo juvenil de querer formar parte de lo
desconocido, se chocan. Sin mediar accidentes e infortunios, en doscientas
páginas. El afecto amoroso hacia los personajes, con un buen desarrollo en
muchos de los casos, se torna admirable. La venganza también se asoma en más de
una ocasión.
RESUMEN GENERAL DE LA NOVELA, ESTRUCTURA Y GÉNERO.
Está dividida en doce capítulos; en cada uno de ellos,
además de estar titulados con comidas e ingredientes, la historia está
documentada bajo un mes del año. Es decir, de enero a diciembre, en un orden
racional.
Entre las primeras líneas puede extraerse un
sentimiento lúgubre; un sentimiento que intenta agazaparse con el personaje
principal picando cebolla, para preparar un pastel navideño. Quien escribe, se
descubre al final: se trata de la sobrina de Tita.
A pesar de que dé el pensamiento de que se trata de
una familia económicamente inestable, la familia posee cocinera y sirvienta
independientes. Es aristócrata.
Acierta, por ejemplo, en relatar el comportamiento
pueril: cuando las niñas imitan la forma que toman los globos de unos payasos,
deciden hacerlo con lo más parecido, e irónicamente eligen unos chorizos.
Bueno, cuando es necesario el abandono de sus obras para la cocina, Tita se
niega totalmente a ceder su “cuello de cisne, patas de perro (o) cola de
caballo”. No obstante, cuando en el hogar se toma la receta de un pastel, y
ésta logra enterarse de que se tratará de un “pastel navideño”, lo cede sin
aspavientos.
En los diálogos, aunque se coincida la forma de hablar
de ciertos personajes, se encuentra sumamente forzado y tópico. Cabe hacer la
mención de que el léxico usado, además de culinario, es fácil de entender.
Pedro, de la familia Muzquiz, desea concretar una
relación de amor con Tita, de la familia de los De la Garza; sin embargo, la
madre se apega a la tradición que Tita desconoce su origen y, posesivamente, le
niega a Tita cualquier tipo de relación con el chico. No obstante, la “ofrece”
a Rosaura, que tiene 17 años, dos más que Tita. Pedro acepta la mano de la
chica, y el padre, en secreto, le reprocha semejante hecho. Sin embargo, Pedro
afirma estar aún con el deseo de casarse con Tita y que aceptó solamente para
estar más cerca de ella.
Se caracteriza en el libro no sólo las recetas, sino
todo lo que rodea a lo culinario. Da explicaciones que gente “común” no
conocería, como que los gallos son castrados con el fin de hacerlos más
grandes.
Tita, a diferencia de las otras dos hermanas, además
de estar bien desarrollada en cuanto a personalidad, se caracteriza por ser
humana, y no simplemente un personaje desarrollado en lo ficticio; le da asco a
lo “asqueable” y es quien más empatiza con lo que le rodea. Quien desea
comprender el todo; es soñadora y tierna.
El género de la novela es variopinto; si bien no debo
mencionar el por qué pues estaría lanzando adelantos de lo emocionante, se la
cerraría como una novela dramática.
Está ambientado en un siglo ya pasado; supondría, por
la forma psico-social en la que se plantea, que está relatada a base del siglo
XIX y continuación del XX [SE INTUYE QUE UN AÑO EXACTO SERÍA QUE EL NACIMIENTO
DE LAS NIÑAS SE HIZO EN 1870 Y QUE LA BODA OCURRIÓ EN 1886, APROXIMADAMENTE].
Una muerte; meses
luego, un embarazo y unas escenas eróticas, suaves, conforman a la novela. La
genialidad con que se dibuja a los deseos indecorosos durante la adolescencia,
resulta magnífica. En pocas palabras, todo encaja.
La tragedia pinta las hojas en blanco al transcurrir
los capítulos; Tita se torna bastante sociópata al respecto, pues no llega a
preocuparse lo suficiente por los hechos. Sólo le interesa Pedro…, y su rodilla
(ironía). Sin embargo, seriamente, la personalidad de Tita va decayendo
paulatinamente en la locura. Da la sensación de que ocurrirán hechos aún más
fatalistas.
John, un doctor de la infancia de Tita, padre de un
niño y viudo, de cabecera, es un personaje más que hará parte del nudo: se
obsesiona totalmente de su cuerpo juvenil. Siempre desea conversar con ella, a
solas; en otras ocasiones no lo hace porque está “Mamá Elena” presente.
Y… hablando de cuerpos, Laura describe tan bien como
Wei Hui (Shangai Baby) el aspecto físico, que enciende esa llama de las que
algunos hablan, esa candencia.
Un viaje a Texas la deja devastada a Tita y, en
concepto maternal, decide criar a un pollito, acaso renacido cual fénix.
La vida de Pedro y Rosaura en Texas resultó sumamente
un desastre. Rosaura, bohemia, sobrealimentaba a Roberto, su hijo, sobrino de
Tita. Entonces, muy tristemente, el niño murió. Tita explotó e incurrió en la
locura; entonces, en algún mes de mayo, la madre la enviaría a un manicomio,
pero John haría una excepción: “-Es q´el Felipe ya´stá aquí y dice que ¡se
petatió!
-¿Qué dices, quién se murió?
-Pos el niño!
-¿Cuál niño?
-Pos cuál iba´ser! Pos su nieto; todo lo que comía le caía mal (…)
-Siéntate a trabajar! Y no quiero lágrimas. (…)
(…)Chencha la encontró con el pichón en la mano. Tita parecía no darse
cuenta de que estaba muerto. Intentaba darle de comer más lombrices. El pobre
tal vez murió de indigestión porque le dio de comer demasiado. Tita tenía la
mirada perdida y miraba a Chencha como si fuera la primera vez que la veía.”
–PÁGS.: 85, 86 y 87.
Cuando John la deja estar en su casa, le muestra lo
que heredó de su abuela indígena: un laboratorio donde se teorizaba la
alquimia. En la página 98 y 99, tienen una hermosa conversación, que merece
cada letra ser leída y transcripta:
“[…] Mi
abuela tenía una teoría […] decía que si bien todos nacemos con una caja de
cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos. Necesitamos […]
oxígeno y vela. […] el oxígeno debe provenir del aliento de la persona amada;
la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido
que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. […] Se
producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a
poco conforme pasa el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarla.
Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir
[…] Si no lo descubre a tiempo, los fósforos se humedecen y ya nunca podrá
encendérselo. […]
-(Hay gente
que, de un soplido, intentará apagarlo, y) por eso es mejor mantener distancia.
Su sola presencia bastará para que se apague.
[…]”
Junio es, para mí, uno de los mejores capítulos. Allí
John la convence y la ayuda a encontrar su anhelo más grande: romper el yugo
que la aprisiona hacia Mamá Elena, hacia la figura materna y el hogar
detestables.
Gertrudis, quien fue raptada por un revolucionario, y
luego puesta en un burdel, sentía lo mismo que Tita, y se lo hace saber en una
carta:
“Querida Tita:
No sabes cómo te agradezco el que me hayas enviado mi ropa. […] Mañana
voy a dejar este lugar, pues no es el que me pertenece. […] Por fin ahora después de que infinidad de
hombres han pasado por mí, siento un gran alivio. Tal vez algún día regrese a
casa y te lo pueda explicar.
Te quiere, tu
hermana Gertrudis” (pág., 107)
En una noche, unos bandoleros hirieron mortalmente a
Elena; la dejarían parapléjica. Tita regresó al rancho para cuidarla, pero esta
la desdeñaba. Entonces, dictaminó que otra se haría cargo. Irónicamente, traen
a una joven sordomuda, pero abandona a los 15 días porque, con señas, la había
llamado mensa. Al mes se volvería bulímica y enjuta…
Cuando regresan Rosaura y Pedro, Tita, en un anhelo
bovarista [gatita, querida Skay, ¿podés dejarme en paz mientras escribo? Tal
parece que entendió, fue a recostarse cerca de la guitarra. Ese apego felino…],
afirma sentir, aún, algo por Pedro. Cuando ve a su nueva sobrina, Esperanza,
dice lo siguiente, recordando el fallecimiento del pequeño Roberto: […] Ahora sabía que no había que establecer
relaciones tan intensas con niños que no eran propios.
Zarpadamente, Pedro violó a Tita, a pesar de que no se
lo demuestre de esa manera. Es decir, se menciona que Pedro la agarra, pero no
que Tita haya accedido o al menos “disfrutado”. “La desvirgó” afirma la autora…
de semejante acto, se produciría un embarazo.
Cuando John regresaba de su viaje de Pensilvania, en
búsqueda de su tía, de 80 años, pudo sentir que “al besarla se dio cuenta de
que algo había cambiado dentro de Tita”, y así fue. Ese deseo por querer
casarse con John, se hubo desvanecido, pero no sabía cómo decírselo.
Con el retorno de Rosaura, además de un cambio físico,
arrastró con ella un encono y odio pasado: el noviazgo con Pedro.
Rosaura decaería en una anterior enfermedad que la
aquejaba, sus gases. Mientras Pedro se encontraba leyendo, oía un estridente y
continuo sonido; intuyendo un sinfín de objetos de la época, concluyó en que el
sonido venía de la habitación de su esposa. Entonces la vio, vio cómo se “descosía”
paulatinamente y veía llegar su muerte. John, el doctor, dictaminó que la causa
de su muerte se debió a “una congestión estomacal aguda.”- pág. 195.
Ya finalizando la buena novela, induce al simbolismo
de que la revolución siempre fue el de la tradición familiar. Concluye con
todos teniendo sexo, con Esperanza y Alex Brown en Massachusetts, Estados
Unidos, en alguna universidad…
Cuando les tocaba a Pedro y Tita concluir su objetivo,
él fallecería de algún paro cardíaco. Y ella, recordando lo que le dijo John,
murió envenenada de fósforo. Y, de alguna u otra manera, el rancho se incendió. Culmina con una niña llorando y extrañando a su tía, Tita, por no saber hacer la torta navideña. sólo ella y su padre, Alex, quedaron vivos...
Evidentemente, la autora no supo cómo acabarla y, por
lo tanto, recurrió al viejo sistema nihilista…

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