FIÓDOR DOSTOIEVSKI, UN HOBRE RIDÍCULO- LA MANSA- BOBOK

 




Se trata de una selección de cuentos del autor: -“Un hombre ridículo es un cuento estructurado en cinco partes, cuyo narrador cuenta en primera persona la revelación que tuvo gracias a un sueño utópico. Se genera una situación absurda en la cual el protagonista está convencido de que la existencia carece de sentido y de que todo se compone de apariencias.”

 

Un hombre ridículo, análisis, reseña y resumen

Dijiste que lloverá […] y sin embargo se están burlando de vos […]

Anunciaste tempestad […] y sin embargo se están riendo de vos

                             […] pero ni los ves; eso es lo que nunca entenderé.

                                                   (Que no oigan su voz)

              […] ¿Por qué has dicho esas palabras raras? ¿Quién te las enseñó?

[…] Dudo de vos…

                                                                   Jaime Roos, Lluvia con Sol

 

 

Confuso, soñador, irónico, teológico. Tan real…

El ser masculino despierta, y está convencido de que es un ser totalmente ridículo. Es causa de risa, y eso le agrada. Pero no que no se percaten de su ridícula existencia. Nos comenta, brevemente, su trayectoria intelectual y sus teorías, de las cuales las personas se ríen.

En una ocasión, por haber visto brillar a una pequeña estrella, éste tantea entre el suicidio. Se dispararía con un revólver, que “lo había comprado hace ya dos meses.”

En una de sus salidas, ve a una niña, que le dice “¡Mamá, mamá!” y empieza a perseguirlo. Éste llega a hastiarse y le vocifera que se aleje de él y, luego, con un rostro compasivo, le iba a explicar que lo mejor sería que hablara con un policía. Sin embargo, la niña ya había desaparecido: fue a acorralar a otro hombre.

Cuando por fin se dignó a quitarse la vida, la niña hace intromisión en sus razonamientos, y se pregunta, entre otras cosas, si realmente es un hombre que todo le resulta indiferente, o si realmente es compasivo. Entonces, lo deja de lado, y, como asegura no poder dormir, de repente cierra los ojos…

 En su sueño, entre otros detalles menos importantes, logra captar que en el mundo, ese otro mundo, todos son felices, e inicia una comparación entre lo que lo rodea oníricamente y lo que le rodea en la vida real: concluye en que todo [las injusticias, la tristeza, los celos, la guerra…] son meros querubines que están en defensa de la superficialidad. Si se logra romper aquella superficie, en lo más profundo, dice, se lograría aquella sociedad original.

Cuando finaliza, se promete ser predicador de “la Verdad”, y va en busca de la niña… Es, por esto, que lo llaman “ridículo”, “loco” y lo amenazan de “llevarlo al manicomio”…

La mansa [o La sumisa]


[…] un día a un noble campesino le habló.

Le dijo: Te ofrezco lujos y placeres, si me enseñas a vivir feliz.

El humilde hombre le dijo:

No puedo. No puedo enseñarte

A vivir feliz. Tú con tu dinero,

Lujos y placeres… Jamás podrás ya vivir feliz…

Litto Nebbia, EL rey lloró

 

Un hombre, dedicado al comercio del empeño, tiene la visita de una mujer evidentemente solitaria, cuyas progenitoras son sus tías, que, con cada llegada, trae tras sí un objeto que vender. La puso a prueba, y cuando trajo un objeto de alta cotización sentimental, éste le ofreció un ochenta por ciento al valor real. Ella se negó, e incluso ofreció que se le dé menos. “Deme lo que vale. No se moleste. Aceptaré los seis rublos”, le dijo.

Estrepitosamente, llegaron a casarse. A partir de ahora, comenzaría a “desvelarse” cada secreto del comerciante, con la llegada de un camarada, Yefimovich, quien tuvo una cita con la chica.

Cuando se hallaba irresoluto, hace su aparición; ella entonces le inquiere si fue cobarde durante su servicio militar [éste lo niega, bajo artificios] y si vivía de lo que el prójimo le ofrecía. Si fue un parásito social, vaya.

Cuando, en una de las citas de ella y el teniente, el comerciante se hizo presente, con un revólver guardado, el teniente intuyéndolo, le ofreció irse, y también una batalla a duelo.

Buscando un poco de consideración, le pregunta a la mujer si oyó lo que dijo, pero no le dio caso. Al entrar a la residencia, éste saca el revólver, y ella lo contempla con ojos anhelantes. “Sin importar la reacción de ella luego de haber visto el arma, y sin haber dormido en cama, pude irme a dormir”, comenta el autor.

En uno de sus recuerdos [la estructura de la historia se basa en primera persona; una bitácora], que bien pudo haber sido un sueño que luego se transmutó de alguna manera como real, vio a la chica con el revólver, que luego se asomó sobre él y se la puso a un costado de la cabeza. Entonces, cerró los ojos, y cuando los reabrió, la mujer no estaba, y el revólver posaba en el mismo lugar… Ella “actuaba como si nada hubiera sucedido”.

Cuando se separaron implícitamente, ella enfermó, y dormía en la cama que él compró, ofendido por el momento de su indiferencia: no le hablaba, lo miraba maquinalmente o se “ponía” “feliz” en su ausencia.

Tras largas semanas de encono silencioso, es ella quien se arrepiente y le pide perdón. Creyó que continuaría así hasta que muriesen, pero no.

Y un día, en ausencia del comerciante, simplemente decidió suicidarse; se había arrojado de la ventana…

 

           BOBOK, UN RELATO FANTÁSTICO

Esta vez publicaré los recuerdos de

alguien. No se trata de mí, sino de otro indviduo. 

Me parece que no hace falta prólogo.

pág., 99                   

Escrito en primera persona, estructurado por un ambiente irreal, nos introduce en la vida de un autor rechazado, quien cree que, actualmente, es difícil diferenciar a uno normal de una persona chiflada; es decir, posiblemente posea cierto delirio de grandeza y fe irracional en que sus obras son realmente buenas, pero mal discernidas.

Cuando le aconsejan dar un paseo, al salir se tropieza, y cae como en otro mundo: ve a su exprofesor, ya muerto, y comienza a recordar que él estuvo presente el día de su entierro; que le pusieron mala cara y cargó en sus hombros el féretro…

Cuando se aproxima a otras tumbas, comienza a oír voces; primero lo dicen “Bobok”. Luego, conversaciones. Trata de un general y, aparentemente, su ayudante, quienes discuten sobre un juego, donde tendrá que haber un muerto sí o sí.

Esa horrible sensación, contrastada por el familiar anhelo de conocer al desconocido, de un mundo claustrofóbico, es muy notorio, y no sólo ello, es posible sentirlo, a pesar de su brevedad.

No obstante de ser “la otra vida”, los espíritus continúan estipulando las mismas incógnitas de lo que fueron sus vidas “allá arriba”.

Conclusión: nuestros problemas, propios o exteriores, nos perseguirán incluso estando muertos… Ser o no ser, filosofa Dostoievski en su cuento “Bobok”.

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