Mujeres que dejaron Huella, parte uno
Las mujeres, mujeres netamente argentinas, ¿han dejado
sólo una huella en la turbulenta nación…? Tal vez sí, pero a mi parecer no sólo
una huella [en todo caso, una profunda], sino un surco, que cortó la línea
temporal e hicieron que la sociedad, tras siglos, realmente cambie. Si bien
hubo oposición masculina de corte elitista, ellas dieron el manotazo aún más
fuerte, soportando toda consecuencia, y alentando a las demás personas [tanto
hombres como mujeres], logrando un avance social de gran escala.
Catalán, en su libro mujeres que han dejado huellas, nos introduce a conocer la historia
y acción políticas [¿todo realmente debe ser político? BORED] de siete mujeres:
Alfonsina Storni Martignoni, de origen italiano, cuya infancia resultó ser un
martirio…, quien conocería al gran Horacio Quiroga, escritor igual que ella,
quienes se amaron sólo pasionalmente; Julieta Lanteri, quien, junto a sus
padres, emigraron a Buenos Aires, conocida por su labor por el feminismo
argentino; Medina Onrubia, que fue una amiga profunda de Storni, marcada por la
muerte y el desengaño, y Alicia Guy Blanche, que fue martirizada por una
sociedad machista…
En fin, con sólo analizar a siete de ellas, quedamos
cortos. La lucha social y política por una mayor equidad, aún no acaba… Son un
sinfín las mujeres y varones que apoyan un movimiento en aleación.
JULIETA S., MARTIGNONI, LA SOÑADORA TRISTE
“Ropa
de oficina, voz de haber dormido mal; la llaman de repente. Se da vuelta,
alguien dice ´no dejes que…´”
No dejes Que,
Jaime Roos.
La indiferencia materna, y familiar, no la socavaron,
a pesar de haber admitido sentir tristeza por ese desapego. Con un “hijo
maldito” [así llamados los niños y niñas cuyo padre se hallaba ausente], se
dedicó a la escritura poética, periodística y, también, trabajó junto a su
padre, pero por un tiempo sumamente breve…
Nació en Capriasca, actual Suiza, anterior comuna
italiana el 22 de mayo de 1892. Fue bilingüe, lectora de edad temprana y, a sus
doce años, escribió su primer poema. A decir de la autora, ella se lo dejaba a
su madre debajo de la almohada y, cuando se despertaba, lo leía. Le respondía:
“la vida es dulce”, puesto que “el poema que escribió [fue] triste y centrado
en la muerte.”
Como, económicamente, su familia padecía de la
inestabilidad, ella ayudaba a su padre, Alfonso Storni, en un bar de familia,
junto con sus tres hermanos.
Desde joven llegó a practicar teatro, y luego, como su
madre, Paulina, se dedicó a la docencia, enseñando a niños en una especie de
escolaridad particular: el “instituto” era la casa materna.
En el año 1909, tras la consecución del título oficial
de maestra, viajó a Rosario, donde continuó escribiendo para sí y periódicos.
Cantaba en recintos, pero luego regresó a Buenos Aires porque no le fue muy
bien esto último.
Tres años luego, el 21 de abril 1912, nacería su único
hijo, Alejandro Storni. Él llegó a asegurar que, si bien casi nunca vio a su
padre, llegó a compararlo como a un buen hombre.
Tras pasar tiempos difíciles, logró conseguir un
puesto como dependienta en una farmacéutica; más adelante, se consagró como
escritora periodística en la revista “Caras y Caretas”. Luego, en “La Nota”, colaboró con sus obras
poéticas.
Cuando se ofreció a ocupar un puesto en una empresa de
aceites, ésta tuvo que ser rechazada un par de veces antes de ser admitida;
cuando lo hicieron, le impusieron una condición: mientras que los trabajadores
hombres cobrarían cuatrocientos pesos, ella cobraría la mitad. Es decir, sólo
se le pagaba doscientos pesos.
Su primer intento de publicar un poemario, en 1916, se
vio frustrado por la crisis económica que padecía. Se le ofreció la edición de
un ejemplar a un peso [se le propuso que serían 500 ejemplares por 500 pesos].
Fue en 1919 y 1920 cuando pudo publicar dos libros. En
1922 pudo conocer a Horacio Quiroga, y eran tan apegados que, en un juego de
intercambio de ropas, “terminaban a los besos”. En sus cartas, dice, él la
nombraba como “una de las escritoras más maravillosas.”
Cuando Quiroga decide ir a Mendoza, él la invita, y
ésta consulta con Benito Quinquela, y éste le respondió que “¿Con ese loco…?
¡No!”
El 20 de junio de 1935, a causa de un dolor intenso en
uno de sus senos, fue atendida médicamente por Benito Quinquela. Éste dictaminó
que seguramente fuera un cáncer benigno, pero aún así se le hizo una ligadura
de trompas. Esto le provocó un badén emocional y se retrajo socialmente. Tras
casi un mes de reposo en casa de su amiga, Medina Onrubia, cuando regresó a
Buenos Aires, se negó totalmente recibir cualquier tratamiento de
quimioterapia.
El 25 de octubre de 1938, luego de despidos y encargos
en el cuidado hacia su hijo, fue a una
playa y se arrojó al mar: hay dos versiones: una que dice que fue
[uno] romántico, decepcionada por un amor, [y otra que] habla sobre su
enfermedad y grandes dolores […]”
ONRUBIA MEDINA, LA INCONDICIONAL COMPAÑERA-
Madre a los dieciséis, hijo “natural”, fanática de
Radowitzky, anarquista…
Nació el 23 de marzo de 1894. Su madre, Teresa
Onrubia, se dice, formó parte de un circo arrabalero.
En medio del centenario, a sus 15 años de edad, fue
cuando conoció la ideología de Simón Radowitzky, aquel revolucionario que lanzó
una bomba dentro de una patrulla de policía.
En Caras y Caretas, La Nación, El Hogar, escribió
textos dramaturgos, poemas y textos teatrales para niños. En la parte política,
se dedicó a escribir textos en concepto de la liberación femenina.
En Misiones conocería a un abogado, su primera pareja.
Sería con él con quien tuvo un hijo, pero éste la abandonó.
Logró relacionarse con Julieta Storni, y en año 1932,
junto con otras mujeres, crearon la asociación femenina de “Letras y Artes”. Asimismo,
cuando Storni se hallaba enferma, ésta llegó a ofrecerle residencia en una casa
que tenían Botana y ella.
Al periodista Botana lo conoció mientras, en conjunto,
escribían en el periódico “Crítica” sobre la política anárquica. Botana
adoptaría a Carlos Medina, producto del primer noviazgo de Onrubia. Con él,
contrajo matrimonio en el año 1914, y tuvieron tres hijos más. De ello,
sucedería un fatalismo: Carlos, a los 17 años de edad, tomó un arma y se
disparó.
En varias ocasiones se vio imposibilitada de su
libertad por “haber influenciado la huida de Simón R., y alentar a las personas
a transformarse en el anarquismo.”
Con la muerte de su primer hijo, Onrubia incurriría en
el alcohol y las drogas.
La infidelidad y, luego, fallecimiento de Botana, la
llevaron a una aguda depresión; se culpabilizaba por la muerte de su hijo y
llegó a padecer una demencia. Quienes la visitaban, afirmaban haberla oír que
su hijo, Carlos, aún estaba vivo.
Falleció el 21 de julio de 1972, a los 78 años.
ALICIA, LA CINEASTA
En Francia,
mientras una mujer esté, como se dice ´en su lugar´, no recibe ningún reproche;
pero si ella asume y ejerce las prerrogativas asignadas a sus hermanos se las
mira mal. […] La actitud hacia las mujeres, en Estados Unidos, es mejor que en
Francia.
Alicia
Blanche, entrevista de 1912
Nació el primero de julio de 1873, en Francia. Su padre
se dedicaba a dirigir una librería internacional, lo que la llevó a ser una “viajante
asaz”: de Francia iba a Suiza e incluso a Chile. Le gustaba escribir…
Su primer trabajo fue la fotografía. La relación con
su jefe, León Gaumont, fue bastante buena como para aconsejarse mutuamente.
Cuando fueron invitados por los Lumiere para que
vieran el proceso filmográfico, ella le alertó que, con su buena capacidad de
crear, podrían dedicarse a la actuación, pero Gaumont se negó.
Sin embargo, en el año 1987, lo convenció. Ella se
hacía cargo de la filmación y el guion [se usaba el cronógrafo]. Se cuenta que
realizó alrededor de mil proyectos fílmicos, pero la mayoría quedó esparcida
bajo tierra.
En el año 1907, conoció a su primer idilio: Herbert
Blanché [de quien, en 1922, se divorciaría a causa de las distintas
infidelidades de él] un camarógrafo con quien tendría una hija: Simone Blanché.
En estados unidos, en el año 1910, en conjunto con
Herbert, hicieron la apertura de una entidad filmográfica oficial: Solax y
Blanche Features. El estar embarazada de su segundo hijo, Reignald, no le
resultó ningún problema. Filmaba tres películas por semana: “Fue
la primera directora que contrató y filmó con actores negros y que
representaban a una familia de clase media, que los alejaba de toda
tipificación y estereotipos como criados. En ese tiempo era moneda común que
los actores negros tuvieran papeles de criados o esclavos […]”
Como era necesaria la presencia de un hombre en las cuestiones
de papeleo, a Blanche no lo quedó otra, a causa de su divorcio, que cerrar la
filmografía y retornar a Francia. Perdió todo: sus films y guiones.
Los escritores históricos desconfiaban de ella. Tanto así
que “secretaria y posible amante de Gaumont; o bien toda la autoría de los
filmes que ella realizó eran de sus directores de fotografía o de su exmarido.”
Cuando, nuevamente, regresó a Estados Unidos, su hijo
intentó recuperar la mayoría de sus películas. Sin embargo, no fue posible, y
esto la llevó a padecer un gran sentimiento de tristeza e impotencia.

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